Cuando Julián descubrió que una empresa puede crecer sin crecer sola
Julián
llevaba años midiendo el éxito de su empresa con números.
Ventas.
Costos.
Utilidades.
Flujo de caja.
Y
tenía razón.
Una
empresa necesita ser rentable para sobrevivir. Pero una mañana, una
conversación con uno de sus proveedores le hizo mirar las cifras de otra
manera.
Julián;
le dijo Ernesto, quería agradecerle.
¿Por
qué? Por seguir comprándonos. Gracias a esos pedidos pudimos comprar una
máquina y contratar a otra persona.
Julián
sonrió.
Para
él, aquella compra había sido simplemente un costo más. Para Ernesto
significaba inversión, empleo y crecimiento. Esa tarde, mientras revisaba sus
cuentas, Julián se hizo una pregunta que nunca antes había formulado:
¿CUÁNTAS
PERSONAS ESTÁN CONECTADAS CON LOS NÚMEROS DE MI EMPRESA?
Y
descubrió algo importante.
UNA
EMPRESA PUEDE GENERAR MUCHO MÁS VALOR DEL QUE APARECE EN SUS ESTADOS
FINANCIEROS.
Reflexión
Durante
mucho tiempo, la pregunta del empresario fue:
¿Cuánto
ganó mi empresa?
Es
una pregunta necesaria.
Pero
existe otra:
¿Quiénes
están mejor porque mi empresa existe?
Una
empresa no funciona sola.
Depende
de trabajadores, clientes, proveedores, aliados y comunidad.
El
trabajador aporta talento y recibe ingresos y oportunidades de desarrollo.
El
proveedor aporta productos o servicios y puede encontrar estabilidad para
crecer.
El
cliente aporta ingresos y, a cambio, espera soluciones que realmente le generen
valor.
La
comunidad aporta el entorno donde la empresa opera y puede beneficiarse de
empleo y nuevas oportunidades.
Por
eso, el éxito compartido no significa regalar las utilidades.
Significa
construir una empresa rentable que, mientras crece, también genere
oportunidades para quienes hacen posible ese crecimiento.
Ahí
está la diferencia entre:
una
empresa que gana
y
una
empresa que hace ganar.
Una
realidad que no podemos ignorar
En
Colombia, crear una empresa es apenas el comienzo. Confecámaras reportó que en
2024 se crearon 297.475 empresas, pero solo el 45 % generó al menos un
puesto de trabajo. Además, la supervivencia empresarial a cinco años mostró
diferencias importantes según el tipo de empresa.
Esto
plantea un desafío: No basta con crear empresas; necesitamos empresas
capaces de permanecer, crecer y generar oportunidades.
Por
eso, fortalecer trabajadores, proveedores, procesos y relaciones comerciales
también puede convertirse en una estrategia de sostenibilidad empresarial.
La
nueva pregunta de Julián
Julián
comenzó a cambiar la forma de analizar sus decisiones.
Antes
preguntaba:
“¿Esto
cuánto le cuesta a la empresa?”
Ahora
agregaba:
“¿Qué
valor puede generar esta decisión además de resolver nuestro problema?”
Capacitar
a un trabajador podía mejorar su productividad.
Fortalecer
a un proveedor podía mejorar la calidad.
Escuchar
al cliente podía generar innovación.
Reducir
desperdicios podía disminuir costos y utilizar mejor los recursos.
Entonces
comprendió que rentabilidad e impacto no tienen que competir.
La
clave está en encontrar decisiones donde puedan fortalecerse mutuamente.
Herramienta:
Mapa de Valor Compartido
Julián
empezó a analizar sus principales grupos de interés:
|
Grupo |
¿Qué
necesita? |
¿Qué
podemos generar? |
|
Trabajadores |
Desarrollo y estabilidad |
Formación y mejores
condiciones |
|
Clientes |
Calidad y soluciones |
Servicio e innovación |
|
Proveedores |
Estabilidad |
Relaciones sostenibles |
|
Comunidad |
Oportunidades |
Empleo y articulación |
|
Empresa |
Rentabilidad |
Eficiencia y crecimiento |
La pregunta central era sencilla:
¿Cómo
puede ganar la empresa sin que su crecimiento tenga que significar que otros
pierdan?
Reto
de la semana
Escoge
una decisión de tu empresa.
Puede
ser una compra, contratación, capacitación, inversión o mejora de servicio.
Pregúntate:
¿Cómo
beneficia a mi empresa?
¿A
quién más puede beneficiar?
¿Cómo
puedo medir ese valor?
No
necesitas cambiar toda tu empresa.
Empieza
por una decisión.
La
nueva definición de éxito
Julián
volvió a mirar sus estados financieros.
Las
cifras seguían siendo importantes.
Pero
ahora sabía que detrás de cada número había personas.
Un
trabajador.
Un
proveedor.
Un
cliente.
Una
familia.
Una
oportunidad.
Entonces
escribió:
“UNA
EMPRESA REALMENTE CRECE CUANDO SU CRECIMIENTO TAMBIÉN HACE CRECER A QUIENES LA
RODEAN.”
Julián
ya no quería construir solamente una empresa rentable.
Quería
construir una empresa que dejara algo en las personas.
Y,
sin saberlo, acababa de acercarse a la pregunta más difícil de todas:
¿QUÉ
QUEDARÁ DE LA EMPRESA CUANDO YA NO ESTÉ QUIEN LA CONSTRUYÓ?
WALTER O. MADRID GALLEGO
CEO ENTRENADOR