Miremos esta corta historia
La tienda del barrio y el
local de la esquina
En un barrio popular de Colombia,
dos vecinos decidieron emprender. Uno abrió su local pensando solo en vender rápido y ganar lo más posible. El
otro montó una pequeña tienda, saludaba por el nombre, fiaba cuando podía y se
interesaba genuinamente por su gente.
El primer negocio creció al
comienzo, pero cuando el barrio atravesó momentos difíciles, se quedó solo.
Nadie lo sentía como propio. La tienda
del barrio, en cambio, resistió. La comunidad la cuidó, la recomendó y la
sostuvo, porque antes ese negocio también había estado ahí para ellos.
Con el tiempo, el tendero
entendió que no solo vendía productos: construía relaciones, confianza y futuro.
Emprender no empieza con un
producto ni con una idea brillante. Empieza con una pregunta profunda: ¿para
qué hago esto?
Porque cuando el dinero es el
único motor, cualquier dificultad puede apagar el sueño. Pero cuando el
propósito es claro, incluso los momentos más duros se convierten en
aprendizaje.
El “para qué” es lo que te
levanta cuando las ventas bajan, cuando el cansancio pesa y cuando nadie más
cree en tu proyecto. Es la razón que le da sentido a cada esfuerzo y transforma
un negocio en una causa. Emprender con propósito es entender que tu empresa no
solo genera ingresos, sino oportunidades, empleo, confianza y esperanza.
Un negocio con propósito impacta
vidas. Impacta a ese colaborador que crece contigo, a la familia que depende de
ese trabajo, a la comunidad que se fortalece gracias a tu visión. Cuando el
emprendedor crece como persona, su equipo también lo hace. Cuando el líder
actúa con coherencia, el negocio se vuelve un espacio de crecimiento humano.
El dinero es importante, claro
que sí. Es la recompensa y la herramienta que permite sostener el sueño. Pero
no es el destino final. El verdadero éxito está en saber que lo que construyes
deja huella, que tu trabajo aporta valor y que tu esfuerzo tiene un sentido más
grande que tú mismo.
Emprender más allá del dinero es atreverse a creer que los negocios también pueden tener alma. Es decidir que tu empresa sea un reflejo de tus valores, de tu historia y de tu compromiso con los demás. Porque cuando el propósito guía el camino, el impacto trasciende… y el éxito llega como consecuencia.
Reflexion: El dinero mantiene vivo un negocio, pero el propósito hace que la gente lo sostenga. Cuando tienes claro tu para qué, no emprendes solo… emprendes con tu comunidad a las cuales les distes confianza, esperanza.
WALTER O. MADRID GALLEGO
CEO ENTRENADOR
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