Cuando Julián descubrió que el verdadero valor de una empresa no siempre aparece en el estado de resultados.
"Las
empresas generan riqueza cuando producen utilidades. Pero transforman
sociedades cuando producen oportunidades."
I.
La historia
El
contrato menos rentable… que terminó siendo el más valioso
La
mañana comenzó como cualquier otra en la carpintería.
Julián
revisaba cotizaciones, autorizaba compras y analizaba los indicadores
financieros del mes. Después de años de aprendizaje, había convertido esas
cifras en parte de su rutina. Sabía exactamente cuánto costaba producir cada
mueble, cuánto margen dejaba cada proyecto y qué clientes representaban mayor
rentabilidad.
En
ese momento, una llamada interrumpió su concentración. Era el rector de una
pequeña institución educativa rural. Necesitaban pupitres y estanterías para
adecuar un aula donde estudiarían niños de escasos recursos. El presupuesto era
limitado. Los plazos de pago también. Desde una perspectiva estrictamente
financiera, el proyecto no era atractivo. Cuando terminó la llamada, uno de sus
colaboradores observó la cotización y comentó:
Don
Julián, ese contrato casi no deja utilidad. Hay otros proyectos mucho mejores.
Julián
permaneció unos segundos en silencio. La lógica empresarial parecía darle la
razón. Pero algo dentro de él le decía que esa decisión no debía tomarse
únicamente con una calculadora. Aceptó el proyecto.
Dos
meses después, recibió una carta escrita por los estudiantes. No hablaban de
muebles. Hablaban de sueños.
Una
niña escribió:
"Ahora
tenemos un lugar bonito para aprender y quiero ser arquitecta."
Julián
volvió a leer aquella frase varias veces.
En
ese instante comprendió que existían ganancias que jamás aparecerían en un
balance general. Y descubrió que algunas de las inversiones más importantes de
una empresa no se recuperan en dinero. Se recuperan en confianza, reputación y
transformación social.
II.
La reflexión del experto
Cuando
las utilidades dejan de ser el único indicador de éxito. Durante décadas, la gestión empresarial
estuvo dominada por una pregunta:
¿Cuánto
ganó la empresa este año?
Hoy
esa pregunta sigue siendo necesaria. Pero ya no es suficiente.
Las
organizaciones más admiradas del mundo han entendido que la rentabilidad
continúa siendo indispensable para garantizar la sostenibilidad, pero el éxito
empresarial también depende de la capacidad de generar valor para
colaboradores, clientes, proveedores y comunidades.
Este
cambio de enfoque ha impulsado conceptos como el capitalismo de los grupos
de interés (stakeholder capitalism), promovido por el World Economic Forum,
y la medición del impacto ambiental, social y de gobernanza (ESG), que hoy
orienta las decisiones de inversionistas y grandes compañías en todo el mundo.
En
otras palabras, una empresa ya no se evalúa únicamente por lo que gana. También
por lo que aporta.
III.
La evidencia
Diversos
estudios coinciden en que las empresas que integran propósito, responsabilidad
y sostenibilidad fortalecen su reputación, atraen mejor talento y generan
relaciones más duraderas con clientes y aliados.
En
Colombia, las MiPymes representan la inmensa mayoría del tejido empresarial y
generan una proporción muy significativa del empleo formal. Esto significa que
su impacto va mucho más allá de los estados financieros: cada decisión
empresarial puede influir en la calidad del empleo, el desarrollo local y la
competitividad regional. Por eso, cuando un empresario decide formar mejor a
sus colaboradores, comprar a proveedores locales o apoyar iniciativas
comunitarias, no está realizando únicamente una acción social.
Está
fortaleciendo el ecosistema económico que también sostiene su propio negocio.
IV.
El caso colombiano
Una
pequeña empresa también puede transformar un territorio
Existe
la idea equivocada de que el impacto social es responsabilidad exclusiva de las
grandes empresas. Sin embargo, la realidad colombiana demuestra lo contrario. Una
panadería que capacita jóvenes sin experiencia. Una ferretería que compra a
productores locales. Un restaurante que reduce el desperdicio de alimentos. Una
carpintería que fabrica mobiliario para una escuela rural.
Todas
estas decisiones, aunque parezcan pequeñas, generan un efecto multiplicador
sobre la comunidad. Las empresas no transforman un territorio únicamente por su
tamaño. Lo hacen por las decisiones que toman cada día.
V.
La herramienta del empresario
La
Matriz de Impacto Empresarial
Antes
de aprobar una decisión importante, responde estas cinco preguntas:
Clientes
¿Esta decisión mejora realmente la vida del
cliente?
Equipo
¿Fortalece el crecimiento de quienes trabajan
conmigo?
Comunidad
¿Genera
un beneficio para mi entorno?
Negocio
¿Es
financieramente sostenible?
Futuro
¿Contribuye
al propósito de largo plazo de la empresa?
Si
respondes "sí" a las cinco, probablemente no solo estás tomando una
buena decisión de negocios.
Estás
construyendo una empresa que trasciende.
VI.
El reto de la semana
Durante
los próximos siete días, conversa con tres personas que conozcan tu empresa. Puede
ser un cliente, un colaborador y un proveedor.
Hazles
una sola pregunta:
"¿QUÉ
IMPACTO POSITIVO CREES QUE DEJA NUESTRA EMPRESA EN LAS PERSONAS?"
No
expliques.
No
justifiques.
Solo
escucha.
Las
respuestas pueden mostrarte un propósito que quizás aún no habías descubierto.
VII.
La frase que permanece
"LAS
UTILIDADES MANTIENEN ABIERTA UNA EMPRESA. EL IMPACTO LE DA UNA RAZÓN PARA
SEGUIR EXISTIENDO."
WALTER O. MADRID GALLEGO
CEO ENTRENADOR
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